miércoles, 27 de noviembre de 2013

Madres, ellas lo saben

Ayer por la tarde mi hijo me dio una noticia. "Mamá, tengo novia". Silencio en la casa.
Y me diréis... "¡Todos los niñ@s a los 4 años tienen novi@! ¡Tanto te sorprende!"
Pues sí... me sorprende porque yo nunca tuve un novio a los 4 años, ni a los cinco, ni a los seis, ni a los siete, ni a los ocho, ni...

Quizás fuese porque a esa edad llevaba un parche en un ojo. Sí...de esos que te ponen con toda la buena voluntad del mundo cuando se tiene un ojo vago para que se esfuerce más el otro. Por lo tanto, ya os podéis imaginar que, mona lo que se dice mona, no estaba. Es más, creo que era como una pequeña monstruilla pirata. Muy divertida sí, pero un poco troll. Hay que reconocerlo.

Pero él ya tiene novia, la más bonita de la clase. Se llama Jaqueline, el año pasado la llamaba "Atilín". Es una niña latina, pizpireta y con unos ojos llenos de vida. Ayer, al salir de clase, cogió a Gaby de la mano y se lo llevó a su padre. "Mira papá, éste es mi novio". Al padre le caían las gotas de sudor por la frente...Si le hubiese podido leer la mente quizás estuviese pensando:"El primer novio de la niña, y los padres del susodicho son los de los tatuajes"

Pero bueno... todo esto es secundario. En el fondo, lo que de verdad me importa de toda esta historia es que he comprobado que ya he empezado a desarrollar los poderes mentales que tiene toda madre a un nivel ya superior. Porque a las dos semanas de empezar Primero de Infantil (y de eso hace más de un año) YO YA SABÍA QUE ESTO ACABABA EN NOVIAZGO. Que ¿por qué? Pues no lo sabría decir.. pero juro que lo sabía. 

Cosas del destino, año y medio después Jaquelin y mi niños son novios de forma oficial. Me encanta que sean novios, me encanta verlos de la mano y sonriendo pero más me encanta ver que ya tengo mis "poderes de mamá" en nivel B. A ver que pasa a los 16.





domingo, 13 de octubre de 2013

El globo de helio

Recuerdo un globo de helio que me compraron mis padres cuando era niña.  Era de Alicia en el País de las Maravillas y tengo grabada la imagen paseando por las calles de Zaragoza en fiestas con mi globo. Pero... ¡no hubo final feliz! En un momento de descuido, el globo se escapó de mis manos y empezó a subir y a subir tan alto que parecía que tocaba las nubes. ¡Cómo lloré entonces! 

Este año, mi hijo mayor me pidió uno. Y mi cabeza lo primero que pensó es en el final de los globos de helio en las manos de los niños. Cuando se lo comprase sería el niño más feliz del mundo, pero en el momento en el que existiese ese despiste y el globo se soltase de su mano y se perdiese para siempre iba a sentirse la persona más desdichada de este planeta.

No sé cuantas veces se lo até a la mano, lo sujeté, le repetí que lo agarrase bien y finalmente el globo no se escapó. Pero me di cuenta que tuvo un final mucho peor. En casa se iba deshinchando, apagando y arrugando hasta finalmente convertirse en todo menos en un bonito globo.

Entonces fue cuando pensé que no hay por qué tener miedo a que vuele y escape de nuestras manos. Leí que un globo de helio en unas condiciones óptimas puede llegar a recorrer miles de kilométros sorteando calles, empujado por el viento y volando a través de las nubes. ¿No es ese mejor final que acabar deshinchado en una casa y en el cubo de la basura?


Lo mismo nos pasa en la vida con cosas que intentamos sujetar para que no vuelen, bien porque queremos que sigan a nuestro lado o bien porque sabemos que si marchan vamos a sufrir. El final es el mismo, sólo cambia el recorrido.


miércoles, 17 de julio de 2013

En las estrellas




- Mamá... ¿cuándo tú eras pequeña yo no estaba aquí?
- No corazón, no estabas. Todavía no existías
- Qué sí que existía mamá!...!!!! Estaba en las estrellas
-¿En las estrellas? ¿Y que hacías allí?
- Vigilarte; y mientras comprabas en el Mercadona yo te decía hola a ti. Luego pasó el tiempo y bajé en un avión hasta nuestra casa. Cuando llegué a la puerta hice así "toc, toc". Me abristéis la puerta y me quedé para siempre con vosotros.




Gabriel. 17 de julio de 2013. 4 años
Reflexión de una tarde de verano sobre cómo llegó a nuestras vidas.

viernes, 31 de mayo de 2013

Un poco de magia...



"Que tus enemigos se alejen de tí.
Si adquieres riquezas, que estas permanezcan contigo.
Que tu belleza sea como la de la Apsara 
A donde quiera que vayas, 
que muchos te atiendan y protejan rodeandote a  ti y los tuyos"



sábado, 25 de mayo de 2013

Mateo quiere soñar



Mateo no tenía sueños, sabía lo que era soñar porque lo había escuchado en el cole. Todos sus compañeros habían tenido algún tipo de sueño alguna vez y lo recordaban, pero él no. A veces se echaba en la cama y cerraba fuerte los ojos para intentar descubrir  lo que era soñar.


--¿Cómo puedo tener un sueño?--, le preguntó una noche a su mamá.

 “Los sueños llegan cuando todo lo bonito que tienes guardado en tu cabeza sube al cielo por una escalera. Es entonces, allí arriba, cuando la magia empieza a aparecer. Pero yo no puedo contarte más… eso lo tienes que descubrir tú.  No te preocupes que el día que menos lo esperes aparecerá esa escalera”

Una noche por fin ocurrió lo que él tanto esperaba. Sin pretenderlo, en mitad de la noche algo empezó a moverse dentro de su cabeza y una historia mágica empezó cobrar vida. De pronto estaba en una calle que no conocía, su abuelo estaba con él pero no estaban aparcados los coches que a él tanto le gustaban. Al fondo de la calle había una montaña muy grande de color azul y las nubes discutían entre ellas para ver quién era la primera que la rozaba con sus cuerpos de algodón.



Mateo estaba sorprendido, ¿nubes que hablaban?, ¿una montaña de color azul? Le gustaba lo que estaba viendo pero a su vez le asustaba un poco. Entonces buscó la mano de su abuelo para cogerla fuerte pero… había desaparecido!! En su lugar había un hada de rubios cabellos que le animaba a acercarse a la montaña azul.
Mateo y el hada empezaron a correr para intentar llegar a la montaña azul, pero cuanto más corrían más se alejaba. Qué situación tan sorprendente, ¿cómo podía ser posible?, ¿dónde estaba su casa?




El hada cogió la mano del niño y le dijo que tenían que darse prisa, se estaba acercando el momento de despertar y tenía que devolverlo a su cama antes de que papá y mamá se levantasen.
De pronto, Mateo abrió los ojos y apareció en su cama de nuevo. Una sensación difícil de describir estaba apareciendo. No sabía si estaba asustado o sorprendido, si se sentía feliz de verse de nuevo en su cama y en su casita o si en el fondo le hubiese gustado llegar a alcanzar esa montaña azul.

A la mañana siguiente se despertó y  recordó toda su aventura nocturna. ¡Por fin había viajado a ese mundo mágico del que tanto hablaban sus amigos! Y colorín colorado, este cuento se ha acabado!


Gracias a Anabel García Capapey - Terapia Gestalt y Cuentoterapéuta-  por animarme a escribir los cuentos que invento inspirados en el día a día con mi hijo mayor Gabriel.
May, Zaragoza, 24 de mayo de 2013